domingo, 26 de junio de 2022

13º Ordinario
SS. Juan y Pablo, mártires

LECTURAS DE HOY

  • 1ª Lectura: 1 Re 19,16b.19-21
  • Salmo: 15
  • 2ª Lectura: Gal 5,1.13-18
  • Evangelio: Lc 9,51-62

  • Te seguiré a dondequiera que vayas

    Lucas nos dice que se acerca el final del tiempo de Jesús, sus seguidores en lugar de permanecer con él se van alejando y rechazando al grado de no dejarlo entrar en Samaria.

    Hoy contemplamos llenos de alegría el amor y la ternura de Dios hacia la humanidad.

    24

    JUNIO
    Viernes
    12ª Semana Ordinario
    Sagrado Corazón de Jesús


    Ez 34, 11-16: Yo mismo apacentaré a mis ovejas y las haré reposar.

    Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo iré a buscar a mis ovejas y velaré por ellas. Así como un pastor vela por su rebaño cuando las ovejas se encuentran dispersas, así velaré yo por mis ovejas e iré por ellas a todos los lugares por donde se dispersaron un día de niebla y de oscuridad.

    Las sacaré de en medio de los pueblos, las congregaré de entre las naciones, las traeré a su tierra y las apacentaré por los montes de Israel, por las cañadas y por los poblados del país. Las apacentaré en pastizales escogidos, y en lo alto de los montes de Israel tendrán su aprisco; allí reposarán en buenos prados, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel.

    Yo mismo apacentaré a mis ovejas; yo mismo las haré reposar, dice el Señor Dios. Buscaré a la oveja perdida y haré volver a la descarriada; curaré a la herida, robusteceré a la débil, y a la que está gorda y fuerte, la cuidaré. Yo las apacentaré en la justicia’’.


    Sal 22: El Señor es mi pastor, nada me faltará.


    Rom 5, 5-11: La prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros.

    Hermanos: Dios ha infundido su amor en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo, que él mismo nos ha dado. En efecto, cuando todavía no teníamos fuerzas para salir del pecado, Cristo murió por los pecadores en el tiempo señalado. Difícilmente habrá alguien que quiera morir por un justo, aunque puede haber alguno que esté dispuesto a morir por una persona sumamente buena. Y la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores.

    Con mayor razón, ahora que ya hemos sido justificados por su sangre, seremos salvados por él del castigo final. Porque, si cuando éramos enemigos de Dios, fuimos reconciliados con él por la muerte de su Hijo, con mucho más razón, estando ya reconciliados, recibiremos la salvación participando de la vida de su Hijo. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.


    Lc 15, 3-7: Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido.

    En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: “¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: ‘Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido’.

    Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse’’.


    Comentarios

    Hoy contemplamos llenos de alegría el amor y la ternura de Dios hacia la humanidad. Desde la creación, la escritura nos lleva a vivir la historia de la salvación. Historia continua del amor de Dios y la infidelidad de la humanidad. Descubriendo la misericordia de Dios que, a través del amor, nos lleva a la plenitud de la salvación. Su amor lo llevó a morir en la cruz para salvar de la muerte y del pecado a la humanidad. Permitiendo que su costado sea traspasado por una lanza, abriendo su corazón lleno de amor por la humanidad que, en la imagen de un pastor apasionado por la humanidad, va en busca de la oveja perdida, reuniendo a las ovejas dispersas por la niebla y la oscuridad; trayendo a la descarriada, curando la herida, robusteciendo a la débil, cuidando a la fuerte, apacentando con justicia a su rebaño.

    Él murió por los pecadores. Murió para justificarnos. Infundió su amor en nuestros corazones por medio del espíritu Santo para que lo amaramos con todo el corazón, con toda el alma, contada la mente y todo nuestro ser. Correspondamos al amor. Amemos al amor que no es amado. Gracias por amarnos siempre.

    P. José Refugio Méndez Gallegos

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