En serio amigos, ¿cuántos ricos conoces? ¿Para quiénes está dirigido este Evangelio si Latinoamérica está plagada de pobres...

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AGOSTO
Martes
20ª Semana Ordinario
San Esteban de Hungría


Ez 28, 1-10: Eres hombre y no Dios, y te crees tan sabio como Dios.

En aquellos días, el Señor me habló y me dijo: "Hijo de hombre, dile al príncipe de Tiro: 'El Señor Dios dice esto: Tu corazón se ha ensoberbecido y has dicho: Soy Dios, estoy sentado en el trono de Dios, en medio de los mares; pero eres hombre y no Dios, y te crees tan sabio como Dios; pretendes ser más inteligente que Daniel y conocer todos los secretos; con tu sabiduría y habilidad te has hecho rico, has amontonado oro y plata en tus tesoros; con astucia de comerciante has aumentado tus riquezas y te has ensoberbecido por tu fortuna'".

Por eso dice el Señor: "Porque te has creído tan sabio como Dios, por eso mandaré contra ti a los más feroces de los pueblos extranjeros, que desenvainarán su espada contra tu esplendor y tu sabiduría y acabarán con tu grandeza. Ellos te matarán y el mar será tu sepultura. ¿Ante la mano misma de tus verdugos te atreverás a afirmar todavía que eres Dios, cuando no eres más que un hombre? Morirás como un pagano a manos de extranjeros, porque así lo digo yo, el Señor Dios".


Deut 32: El Señor da la muerte y la vida.


Mt 19,23-30: Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos". Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: "Entonces ¿quién podrá salvarse?" Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: "Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible".

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: "Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?" Jesús les dijo: "Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa, o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros".


Comentarios

En serio amigos, ¿cuántos ricos conoces? ¿Para quiénes está dirigido este Evangelio si Latinoamérica está plagada de pobres, tú, yo y tal vez todos los que lean este comentario no tienen más de 100 dólares en la bolsa o ni siquiera cuenta bancaria. ¿Quiénes son los ricos que no podrán salvarse o les será muy difícil? ¿Los magnates y empresarios? Yo creo que es más fácil que un camello entre por el hueco de una aguja que encontrar un rico hoy. Y ciertamente los hay, pero no se está refiriendo a ellos Jesús, no es la gente adinerada en sí el foco de atención de la Palabra de hoy. Todos y todas tenemos “posesiones” que nos desvían del camino cristiano y no porque las poseamos nosotros, sino porque muchas veces ellas nos poseen a nosotros, algo casi satánico que necesita un exorcismo.

Tener cosas no es malo, ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre, esto va para los acumuladores compulsivos o los llamados minimalistas. El ser humano necesita condiciones básicas para una vida digna, hay ciertos lujos y comodidades que nos hacen la vida más llevadera. En los evangelios escuchamos que el Hijo del Hombre no tenía donde reclinar la cabeza y así vive mucha gente hoy, en condiciones deplorables, se rompen el lomo cada día desplazándose a las grandes urbes y llegan a su pequeña casa rentada, a preparar un té e irse a su dura cama para en pocas horas reiniciar su rutina. Qué bueno fuera si fuésemos más generosos y todos podamos disfrutar un mínimo de comodidades; bienestar social redunda en calidad de vida y por consiguiente en cantidad.

Pero no, amigos, no es esa la riqueza que se combate es aquella que llena o embota nuestra mente y corazón, más que los bolsillos, aquella que nos vuelve egoístas para compartir el pan, aquella que nos hace ciegos ante quien estira la mano mendigando lo que por derecho les ha sido arrebatado, aquella nos convierte en tiranos de nuestro hermano, nos hace ponernos primero por algún privilegio inmerecido pero que por suerte hemos ganado. Esa mal llamada riqueza es la que no concuerda con el Evangelio, porque se puede tener todo sin estar apegados, sabiendo que si pierdo todo aún me queda la vida, el verdadero tesoro, y eso no me causará conflictos mayores, siempre se puede volver a iniciar.

¿Cuáles son las cosas que te embotan o te alejan del sano compartir?

Reinel Maya Ojeda

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