En este día las lecturas nos ofrecen una oportunidad pare volver a sabernos necesitados de lo que Dios da, tal como lo expresa la lectura del Éxodo...

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AGOSTO
Martes
24ª Semana Ordinario
San Juan Crisóstomo


1Cor 12,12-14.27-31a: Si hay divisiones entre ustedes, entonces ya no se reúnen para celebrar la cena del Señor.

Hermanos: Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros y todos ellos, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es Cristo. Porque todos nosotros, seamos judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para formar un solo cuerpo, y a todos se nos ha dado a beber del mismo Espíritu. El cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Pues bien, ustedes son el cuerpo de Cristo y cada uno es miembro de él. En la Iglesia, Dios ha puesto en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los profetas; en tercer lugar, a los maestros; luego, a los que hacen milagros, a los que tienen el don de curar a los enfermos, a los que ayudan, a los que administran, a los que tienen el don de lenguas y el de interpretarlas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos el don de curar? ¿Tienen todos el don de lenguas y todos las interpretan? Aspiren a los dones de Dios más excelentes.

 

Sal 99: Sirvamos al Señor con alegría.

 

Lc 7,11-17: Joven, yo te lo mando: Levántate.

En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.

Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: "No llores". Acercándose al ataúd, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: "Joven, yo te lo mando: Levántate". Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre. Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo". La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.

 

Comentarios

En este día las lecturas nos ofrecen una oportunidad pare volver a sabernos necesitados de lo que Dios da, tal como lo expresa la lectura del Éxodo; pues la comodidad que sentía el pueblo de Israel cuando era esclavo los lleva a mirar su pasado y a no ver la oportunidad que ahora se les ha presentado, situación que en lo cotidiano de nuestra vida buscamos hacernos ídolos de nuestro trabajo, comodidad, problemas, enfermedades entre otras cosas, las cuales nos ciegan a descubrir la novedad de un posible cambio.

Por lo que esperar pareciera ser algo que nos impacienta, nos vuelve intolerante y vulnera nuestros valores y principios, cambiándolo por lo transitorio. Para ello el evangelio nos presenta en las parábolas una visión diferente de actuar ante la vida. Ante este panorama la acción de perder algo, nos debe de movilizar a querer encontrarlo, para que cuando se tenga nuevamente se pueda compartir con los demás, y continua con la parábola del hijo pródigo, que, sabiendo la gravedad de la ofensa hecha a su padre, regresa a él y es acogido con enorme alegría.

Es importante retomar la escena del comienzo del pasaje, entorno a la pertinencia de Jesucristo, pues es el momento exacto para exponer las parábolas, pues sucedió nos dice la Escritura en el momento en el que «todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Él para oírle» por lo que sorprende a los fariseos y escribas, que murmuraban: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos». Pues consideran que no debería compartir su tiempo y su amistad con personas de vida poco recta.

Actitud que en muchos momentos podemos tomar, pues nos sentimos moralmente más que los otros por nuestros conocimientos, posición económica, influencias, etcétera. Pero, si la parábola enseña que nadie está perdido para Dios, y anima a todo pecador llenándole de confianza y haciéndole conocer su bondad, encierra también una importante enseñanza para quien, aparentemente, no necesita convertirse: no juzgue que alguien es “malo” ni excluya a nadie, procure actuar en todo momento con la generosidad del padre que acepta a su hijo.

Yonathan Santiago Guillén Martínez

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