En este día el evangelio nos propone la parábola del sembrador, pues ante los acontecimientos que podemos enfrentar en la vida...

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SEPTIEMBRE
Sábado
24ª Semana Ordinario
San Roberto Belarmino


1Cor 15,35-37.42-49: Se entierra un cuerpo corruptible y resucita incorruptible.

Hermanos: Hay algunos que preguntan: "¿Cómo resucitan los muertos? ¿Qué clase de cuerpo van a tener?" Es que no se han puesto a pensar que el grano que se siembra tiene que morir, para que nazca la planta. Lo que se siembra no es la planta que va a brotar, sino solamente la semilla, por ejemplo, de trigo o de cualquier otra cosa. Lo mismo sucede en la resurrección de los muertos: se siembra un cuerpo corruptible y resucita incorruptible; se siembra un cuerpo miserable y resucita glorioso; se siembra débil y resucita fuerte; se siembra un cuerpo puramente humano y resucita un cuerpo vivificado por el Espíritu divino. Pues si existe un cuerpo puramente humano, también existe un cuerpo vivificado por el Espíritu. En efecto, la Escritura dice que el primer hombre, Adán, fue un ser que tuvo vida; el último Adán es Espíritu que da la vida. Sin embargo, no existe primero lo vivificado por el Espíritu, sino lo puramente humano; lo vivificado por el Espíritu viene después. El primer hombre, hecho de tierra, es terreno; el segundo viene del cielo. Como fue el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como es el hombre celestial, así serán los celestiales. Y del mismo modo que fuimos semejantes al hombre terreno, seremos también semejantes al hombre celestial.


Sal 55: Caminaré en la presencia del Señor.


Lc 8,4-15: Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia.

En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos, otros más se le unían. Entonces les dijo esta parábola: Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos, y al crecer éstos, los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena, crecieron y produjeron el ciento por uno". Dicho esto, exclamó: "El que tenga oídos para oír, que oiga". Entonces le preguntaron los discípulos: "¿Qué significa esta parábola?" Y él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás, sólo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan. La parábola significa esto: la semilla es la palabra de Dios. Lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven. Lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que, al escuchar la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba, fallan. Lo que cayó entre espinos representa a los que escuchan la palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no dan fruto. Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia".


Comentarios

En este día el evangelio nos propone la parábola del sembrador, pues ante los acontecimientos que podemos enfrentar en la vida, se nos presenta la importancia de sembrar en los lugares apropiados, para mantener nuestro corazón atento a los frutos que se pueden recibir.

Es importante considerar los elementos necesarios para saber en dónde y de qué manera hay que echar la semilla, en muchas ocasiones de nuestra vida hemos experimentado la sensación de no cosechar los frutos que queremos, pues la acción de sembrar es una labor ardua, tal realidad se puede ver reflejada en la actitud que ponemos hacia las demás personas, pues escuchamos por encima, con indiferencia llevándonos a no ser buena tierra.

El contemplar la variedad de terrenos, nos permite contemplar la autenticidad que cada uno tiene, para ello es muy importante sabernos qué tipo de terreno somos, pues un suelo pedregoso, donde la tierra no es muy profunda, tal vez nos haga ser más superficiales en nuestra forma de vivir, volviéndonos volubles a las experiencias de Dios.

Sin embargo, la tierra más profunda permite cubrir, llenar y poder dar frutos a su tiempo, pues solo el tiempo nos da lo que realmente necesitamos, por ello es importante fijar nuestra atención en el sembrador, pues el sembrador es siempre el mismo, que sales continuamente a sembrar una semilla en la realidad de nuestra vida, sembrando el bien, la paz, la alegría, la entrega. Que esa semilla la que vaya dando fruto en nuestros corazones, para que aprendamos a responder con generosidad a esa Gracia que solo él nos da.

Yonathan Santiago Guillén Martínez

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