El “zorro” de Herodes quería saber quién era ese hombre del que tanto hablaban, movería mar y cielo con toda su influencia por conocerle para salir de la intriga.

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SEPTIEMBRE
Jueves
25ª Semana Ordinario
Ss Cristóbal, Antonio y Juan, mártires


Ecli 1,2-11: Él fue quien concedió a unos ser apóstoles y a otros, evangelizadores.

Todas las cosas, absolutamente todas, son vana ilusión. ¿Qué provecho saca el hombre de todos sus trabajos en la tierra? Pasa una generación y viene otra, pero la tierra permanece siempre. El sol sale y se pone; corre y llega a su lugar, de donde vuelve a salir. Sopla el viento hacia el sur y gira luego hacia el norte, y dando vueltas y más vueltas, vuelve siempre a girar. Todos los ríos van al mar, pero el mar nunca se llena; regresan al punto de donde vinieron y de nuevo vuelven a correr.

Todo es difícil de entender: no deja el hombre de cavilar, no se cansan los ojos de ver ni los oídos de oír. Lo que antes existió, eso volverá a existir. Lo que antes se hizo, eso se volverá a hacer. No hay nada nuevo bajo el sol. Si de alguna cosa dicen: "Mira, esto sí es nuevo", aun esa cosa existió ya en los siglos anteriores a nosotros. Nadie se acuerda de los antiguos y lo mismo pasará con los que vengan: no se acordarán de ellos sus sucesores.


Sal 89: Tú eres, Señor, nuestro refugio.


Lc 9,7-9: A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién es entonces éste de quien oigo semejantes cosas?

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Pero Herodes decía: "A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?" Y tenía curiosidad de ver a Jesús.


Comentarios

El “zorro” de Herodes quería saber quién era ese hombre del que tanto hablaban, movería mar y cielo con toda su influencia por conocerle para salir de la intriga. Tantas especulaciones sobre su persona: que si era Juan el Bautista resucitado, o Elías o algunos de los antiguos profetas. Y ciertamente era mucho más que todo eso, pero también eso, ya que hay un punto en común en todos ellos: el profetismo.

Un profeta anuncia un mensaje de parte de Dios, un evangelio, una buena noticia, pero también su misión consiste en denunciar, ante las autoridades civiles y religiosas lo que está en contra de Dios y que oprime al pueblo, por eso los grandes profetas son un inminente peligro para los poderosos, su palabra los hace temblar, son enemigos. Por ello son perseguidos, apresados, maltratados y asesinados. Los profetas son hombres sin tacha, hombres de recta vida y coherentes con su pensamiento y discurso, por eso es una misión difícil, una auténtica vocación, porque -como dicen en México- para tener mucho pico, hay que tener poca cola”.

Y su atendemos a la reflexión de la primera lectura el profeta es inmortal, ya que como el mismo Jesús decía. “si yo callo las piedras hablarán por mí”, haciendo ver que no es el hombre el importante sino la verdad misma que no se puede silenciar, hoy está éste, mañana aquél y pasado ése otro, pero siempre habrá hombres y mujeres que denuncien las atrocidades de este mundo y todos ellos encarnan la verdad. “El cielo y la tierra pasarán”, Lo que antes existió, eso volverá a existir. “Lo que antes se hizo, eso se volverá a hacer. No hay nada nuevo bajo el sol”. Hay cosas que parecen cíclicas, pero la Palabra de Dios es estable, es firme e inmutable, es objetiva y perenne, es verdadera.

¿Estarías dispuesto o dispuesta a denunciar lo que no corresponde al deseo de Dios? ¿Haces oración para conocerlo?

Reinel Maya Ojeda

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