Jesús oraba con frecuencia con su Padre. Uno de sus discípulos le pide que los enseñe a orar como Juan enseñó a sus discípulos y ...

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OCTUBRE
Miércoles
27ª Semana Ordinario
Santa Faustina Kowalska


Gál 2,1-2.7-14: Reconocieron la gracia que me había sido dada.

Queridos hermanos: Después de catorce años volví de nuevo a Jerusalén con Bernabé y también con Tito. Regresé porque Dios me lo había revelado. Ahí, en una reunión privada con los dirigentes, les expuse el Evangelio que predico a los paganos. Hice esto para que mis trabajos pasados y presentes no resultaran inútiles. Todos reconocieron que yo había recibido la misión de predicar el Evangelio a los paganos, como Pedro había recibido la de predicarlo a los judíos. Porque aquel que le dio poder a Pedro para ejercer el apostolado entre los judíos, me lo dio a mí para ejercerlo entre los paganos.

Así pues, Santiago, Pedro y Juan, que eran considerados como las columnas de la Iglesia, reconocieron la gracia que Dios me había dado y nos dieron la mano a Bernabé y a mí, en señal de perfecta unión y para expresar su acuerdo de que nosotros nos dirigiéramos a los paganos y ellos a los judíos. Lo único que nos pidieron fue que nos preocupáramos por los pobres, cosa que he procurado cumplir con solicitud.

Más tarde, cuando Pedro fue a Antioquía, yo me le enfrenté, porque era digno de reprensión. En efecto, antes de que llegaran algunos judíos enviados por Santiago, Pedro solía comer con los paganos convertidos; pero después empezó a apartarse de ellos por temor a los judíos recién llegados. Los demás judíos convertidos imitaron su ejemplo, tanto que hasta el mismo Bernabé se dejó arrastrar por aquella conducta contradictoria.

Entonces, cuando vi que Pedro no procedía rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, le dije delante de todos: "Si tú, que eres judío, vives como un pagano y no como un judío, ¿por qué quieres ahora obligar a los paganos convertidos a que vivan como judíos?"


Sal 116: Bendito sea el Señor.


Lc 11,1-4: Señor, enséñanos a orar.

Un día, Jesús estaba orando y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: "Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos". Entonces Jesús les dijo: "Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu nombre, venga tu Reino, danos hoy nuestro pan de cada día y perdona nuestras ofensas, puesto que también nosotros perdonamos a todo aquel que nos ofende, y no nos dejes caer en tentación".


Comentarios

Jesús oraba con frecuencia con su Padre. Uno de sus discípulos le pide que los enseñe a orar como Juan enseñó a sus discípulos y nos dio esta hermosa oración que llamamos ‘padrenuestro’; que no se reduce a una fórmula, sino que nos da un programa de vida. San Lucas tiene dos peticiones: que su nombre sea santificado, pidiendo que su reino llegue a nosotros. San Mateo pide que hagamos su voluntad y nos presenta tres peticiones para nosotros: le pedimos el pan de cada día, que perdone nuestras ofensas y no nos deje caer en la tentación. San Mateo añade: líbranos del mal. La Iglesia ha unificado para la liturgia esta oración desde el año 1988.

Pedimos que su reino se manifieste en el pan de cada día, en el perdón y en la libertad para vencer la tentación y luchar contra el maligno.

Dios llama a Pablo hacer apóstol de los páganos, a Pedro apóstol de los judíos y a Sor Faustina apóstol de la Divina Misericordia.

P. José Refugio Méndez Gallegos

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